diumenge, 27 de gener de 2019

ESPAÑA Y LOS PERROS

"(...) Ahora, lo peor de todo no es lo que ­escribió Vargas Llosa en su carta al PEN. Fue lo que dijo unos días antes en la convención anual del Partido Popular que preside el baby Trump español, Pablo Casado. Primero, se rebaja a meterse con Quim Torra, el presidente ac­cidental de la Generalitat. ¿No entiende Vargas Llosa que una ­figura mundial ­como él pierde dignidad, daña su ilustre reputación, al dignificar a semejante mediocre con su patricia mirada?

Parece que no, porque no sólo repitió la banalidad de siempre, que el pobre Torra era “racista”, “discriminatorio” y bla bla bla, sino que agregó que Torra “no oculta que considera a los españoles perros rabiosos”. En el mismo acto recordó a sus nuevos correligionarios, aliados de Vox, que su enfado proviene, como leemos en sus columnas en El País hasta el aburrimiento, de su gran obsesión y objeto de ira, el nacionalismo. Está bien. A muchos tampoco nos gusta. El problema es que a Vargas Llosa le disgusta demasiado. Quiere acabar con el nacionalismo, lo quiere erradicar. El odio le ciega. No parece haber entendido (como tampoco lo entendió otra de sus bestias negras, Karl Marx) que el nacionalismo es como el invierno: debemos aprender a convivir con él y, si no nos gusta, a limitar sus daños. Como la envidia o la vanidad, es una constante en la sociedad humana desde nuestros comienzos tri­bales.

Lo que resulta casi cómico es que si Vargas Llosa y los devotos de la derecha española se miraran honestamente en el espejo verían que ellos son nacionalistas también. En este caso, nacionalistas españoles que desprecian y detestan tanto a los nacionalistas catalanes como los nacionalistas catalanes los detestan y desprecian a ellos. Quizá más.

Para ser justos, Vargas Llosa tuvo un momento de lucidez durante su gloriosa intervención en el acto del PP. Dijo que para combatir el independentismo catalán, “enemigo de nuestra democracia y nuestra libertad”, lo mejor es “derrotarlo en la batalla electoral”. Cien por cien de acuerdo. Cambien el tono, cambien las formas, no actúen como perros rabiosos y denles un referéndum real a todos los catalanes (...)"

 John Carlin, "El españolito cabreado" (La Vanguardia, 27-I-19)

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