divendres, 1 de novembre de 2013

SILENCI

"A veces, antes de entrar en la habitación y antes que ninguna de aquellas mujeres de compañía advirtiera mi presencia en el umbral, las sorprendía en silencio, junto al lecho de la enferma. Era un silencio impactante, el de aquellas mujeres –la de la mañana, la de la tarde–, un silencio que parecía estar muy lleno y al que yo podía acceder únicamente desde lejos. Yo sabía que cuando mis nudillos tocaran esa puerta, ese silencio mágico se rompería, que se perdería la suave tensión que reinaba en aquel cuarto, que el ángel que allí aleteaba se esfumaría en cuanto yo entrase.

La estampa de aquellas mujeres –la de la mañana, la de la tarde– junto al lecho de Sendino es de las más conmovedoras que guardo de todo este episodio en el archivo de mi corazón. ¿Cómo se puede callar tanto tiempo junto a un enfermo?, me preguntaba yo al verlas. ¿Qué tienen estos silencios que yo desconozco y que tanto me atraen? Y todavía: ¿No podría sentarme yo junto a ellas del mismo modo, tan silencioso? Las mujeres –la de la mañana, la de la tarde– se percataban al cabo de mi presencia. Se incorporaban. Sonreían. Daban una última caricia a Sendino y me dejaban a solas con ella, para nuestra entrevista. Como había supuesto, el ángel no tardó en esfumarse con las palabras. La mujer que me hablaba era ya distinta a la que yo había visto con la cabeza suavemente hundida en la almohada."

 Pablo d'Ors, Sendino se muere (Fragmenta Editorial, 2012)

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