dissabte, 13 de gener de 2007

RAONS SOBRE ETA

Tot i que ni la política ni les llargues transcripcions no són habituals en aquest Flux, l'article del professor Manuel Castells al seu "Observatorio global" de La Vanguardia d'avui em sembla un bon exemple d'allò més difícil en general, però sobretot en determinats moments: aportar des dels mitjans raons i raonament, enllà de tàctiques i consignes, per mirar de llegir millor la realitat. La de la possible negociació amb ETA, en aquest cas. Donat que l'accés digital al diari és restringit, m'ha semblat que tenia sentit transcriure l'article sencer.



¿NEGOCIAR CON ETA?

Cómo negociar con quien está dialogando mientras, a espaldas de sus interlocutores, prepara un descomunal y mortífero atentado con premeditación y alevosía? ¿Cómo creer en la palabra de quienes asesinaron a tantos seres humanos, con familias y rostros que viven en nuestra memoria, en nombre de una causa (la autodeterminación de Euskadi) que las instituciones democráticas permiten defender sin violencia desde hace ya tres décadas? ¿Cómo, en esas condiciones, resistir al instinto básico que nos incita a acabar de una vez por todas con la última guerra carlista, vestigio atávico de siglos de fanatismo destructivo que creíamos haber superado?

Así se carga de razón la postura, coherente, de aquellos como el ex presidente Aznar, que pretenden acabar con ETA por la vía policial para que, como ha declarado el legionario Acebes, haya vencedores y vencidos. Pero la coherencia de una posición intransigente se convierte en demagogia política cuando se enfrenta con la realidad. Y la realidad es que ETA lleva 45 años de atentados, con mayor o menor intensidad, sin que ningún gobierno, ni el mismísimo Franco, ni Suárez, ni González, ni Aznar, ni Zapatero, haya podido derrotarlos, incluso contando con la colaboración de Francia. Y aun utilizando métodos extremos, incluidos los pistoleros del GAL y la tortura, así como las muertes en enfrentamientos y las condenas de larga duración a cientos de activistas. La realidad es también que, en pleno trauma emocional tras la megaexplosión de Barajas y la muerte de dos de nuestros nuevos españoles, miles de personas se han manifestado en Euskadi en torno a Askatasuna, aun en condiciones de ilegalidad. Es un síntoma de las raíces profundas, por minoritarias que sean, que tiene ETA en Euskadi. Raíces de donde crecen y se reproducen generaciones de activistas que viven en un mundo ideológico cerrado y fanatizado, transmitido familiarmente en muchos casos, como documenta Fernando Reinares en su ejemplar estudio del patriotismo etarra. Por eso, a pesar de aborrecer no sólo al terrorismo etarra sino su ideología, tanto Felipe González como José María Aznar y más recientemente José Luis Rodríguez Zapatero tuvieron que aceptar negociar con ETA. Claro que ETA está debilitada, pero la idea de su exterminio sin concesiones de ningún tipo es, en el mejor de los casos, una historia que nos contamos para no tener que aceptar la dura verdad. Y en el peor de los casos, una táctica política partidista de la peor estirpe, porque con los muertos no se juega. Táctica que frecuentemente utilizan sectores nostálgicos del franquismo y al margen del sistema democrático, y por tanto también al margendel Partido Popular. ETA aparece a intervalos como el Guadiana, pero no desaparece. Y el entramado de su entorno político, ideológico, organizativo y cultural es de tal envergadura, que sólo con la contribución de la izquierda abertzale podrá enterrarse un día de forma definitiva.Por tanto, la negociación, cuando y como sea, no es una opción, sino una necesidad. A menos que estemos dispuestos a que Euskadi, y por tanto España, vivan con la lacra terrorista generación tras generación. Con todo lo que eso significa como elemento distorsionador de la vida política y la convivencia civil. Pero decir esto en el contexto actual parece tan vacío de contenido concreto como la proclama principista de los herederos de los vencedores de la Guerra Civil. Es evidente que Zapatero tenía que dar por cerrado el proceso actual de negociación. Bastante se ha jugado ya. Y bastante capital político ha perdido, hasta el punto de que su joven y brillante carrera política podría ser otra víctima de la explosión de Barajas, introduciendo así en nuestra democracia el peligroso hábito de cambios de Gobierno como reacción a atentados terroristas.

Pero miren por dónde, los españoles no parecen haber abandonado la esperanza de alcanzar la paz. Según el pulsómetro de la Ser, aunque un 74% considera roto el proceso de diálogo y culpa a ETA del desaguisado, un 55% apoya al Gobierno para que busque de nuevo ese diálogo, con tan sólo un 38% que rechaza el intento. Y Zapatero, que no tiene otra en realidad, porque se lo jugó casi todo a esta carta, tiene que buscar nuevas formas de llegar a ese acuerdo por la paz. Porque de acuerdo se trata en último término.

No tengo información confidencial, pero por lo que me cuentan unos y otros, parece obvio que si no se puede confiar en ETA, habrá que influir en su entorno para que su entorno influya en ETA, tal como apuntan las declaraciones de Otegi y su eco en el surrealista comunicado de ETA donde sostiene que mantiene el alto el fuego permanente. Si volar un aparcamiento entero y matar a dos personas no se considera violación del alto el fuego, sólo puede pensarse en dos interpretaciones. La primera es una disfunción mental tan profunda que impide cualquier relación inteligible. La segunda, que me parece más probable, es que no hay unidad en ETA en torno al diálogo, y las tensiones se intentan cubrir con juegos de palabras. Y en una organización terrorista los que tienen los fierros (como dirían los montoneros) son los que mandan. Que no suelen ser los más sutiles en lo que a estrategia se refiere. Entre otras cosas, porque un entramado terrorista de cinco décadas no está hecho sólo de ideología, sino de negocios, de medios de subsistencia, de modos de vida y de la incapacidad de vivir de otra forma. Con lo cual, los debates políticos en ese mundo cerrado y enrarecido se convierten a menudo en racionalizaciones de la vida por la que se ha optado o por la única vida que se puede llevar. De modo que la ETA dialogante tiene que surgir de esa evolución interna que puede ser favorecida por la presión de su entorno político, su única conexión con el mundo real. Y ese entorno puede ser influido por el nacionalismo vasco democrático, a condición de que ese nacionalismo tenga anclaje en el sistema político español. Por tanto, es mediante esa serie de vasos comunicantes que se puede ir estableciendo un flujo continuo en que iniciativas y propuestas circulen en los dos sentidos. Lo que se ha terminado es la vieja idea de González, de Aznar y también de Zapatero de enviar a sus expertos policiales y de asuntos vascos a verse las capuchas con ETA en alguna trastienda europea y arreglar eltema como en una partida de póquer. Con el detalle, en el caso de Zapatero, de que sometió su decisión de diálogo al control de las Cortes, como debe ser. Como ETA es multiforme y mutante, tanto más cuanto más rápida es su renovación como consecuencia de la presión policial, el diálogo directo es una ruleta rusa, porque no se sabe con quién se habla. En cambio el proceso político puede ir abriendo puertas hoy por hoy oxidadas por la sangre. Sabiendo que cada nuevo acto de violencia, incluso de kale borroka,es un palo en las ruedas de la carreta de la paz. Una carreta cuyos ejes, a diferencia de los de la canción triste de Atahualpa, tendremos que engrasar día a día si queremos andar por los caminos de Dios
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                                                Manuel Castells, La Vanguardia, 13-I-2007

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